La pelvis caníbal



PREMIO FEDERICO GARCÍA LORCA A LA POESÍA 2015. 
UNIVERSIDAD DE GRANADA




“… la palabra humana es como un caldero cascado
en el que tocamos melodías que hacen bailar a dos osos
cuando quisiéramos enternecer a las estrellas.”
Gustave Flaubert




amor vaginal

quiero mudar esta piel
para poder así coserla
a la cruz que edificas cuando te abres
para acoger el amor vaginal que te regalo

bebe de entre mis nalgas
ellas te salvarán de la sequía
has roto tantas veces el himen
que soy más joven cada vez

me rindo ante estas manos precipitadas
en este colchón de muelles habitado
pues sé que se aproxima
el sabor solitario de la carne




la carne que encierra este crucifijo

y allí estaba él
yo rendida infinitamente
mientras las prolongaciones del cuerpo
que querían acogerle
me anudaron este clítoris incandescente

aún sigo teniendo momentos
en que trazo su cara
en otras caras
y en otras ausencias
confundo sus ausencias

es preciso morir
hincar los dientes en la sangre
y abrir la ventana
que el olor a tierra mojada
repose en mis sienes por última vez

déjame extinguirme te digo
y descúbreme el pubis para el akelarre
déjame fallecer sin resistencias
quiero agotar
las esperanzas de una vez

es tiempo de hambre
para la carne que encierra
este crucifijo





la fugitiva

para quemar esta identidad de plásticO
despisté al aguacero que perseguía mi sombra
y al meter la marcha más larga en las sienes
deshice el forcejeo dejando atrás
a la conciencia y al espíritu
construí una quimera con la que entretener
a un corazón fermentado
a esta alma fetiche
y a la poca hombría de mis pechos

al final del caos esperaban mis escrúpulos 

pidiendo auxilio
y la moral apareció por detrás
ahogándome la vida
extirpando
lo que intentaba alcanzar con el éxodo
lo inaccesible al ojo me retuvo inmóvil
y no pude enfrentarme a mí misma
me atravesé las vísceras para acallar el tiempo
pero los fantasmas aparecieron multiplicados
con sus caras de dragones
propagando el origen
de este hastío sucesivo





la loca y la ermita

Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.”

Jaime Gil de Biedma


¿recuerdas aquellas frías tardes
y el camino que llevaba
a la ermita y a sus ojos?
ella vivía cuando nos acomodábamos en su regazo
y yo
vivía en aquella ermita cuando te ibas
recuerdo las orillas del camino
la fachada y el musgo
su olor húmedo en la boca
y los murciélagos de aquellos días

no aspiraba a ser mucho más de lo que fui
intérprete insomne de muecas
el parque la quietud la saliva de plata
los inviernos
no aspiraba sino a amar
aquel portal desierto de aves
la línea de autobús tres nueve dos siete
la baldosa sin baldosa de la acera
no aspiraba a ser sino vaho
vaho nada más
un ocaso inquieto
el silencio marchito de los bancos de piedra

¿recuerdas la miseria del aire?
el rocío temprano en los pies y en las gargantas
el sosiego de cristal de la ermita
y nuestros hombros en su escalera
recuerdo
tu figura tragada por las vastas horas grises
y mi sonrisa ensayada
todo era nuestro
el mundo vivía en nuestros labios
y aquella ermita implacable
se adormecía cada domingo

pero no alcancé a ser sino lo que soy
la mecedora en las sienes
los intentos de plástico fracasados
el temor a parpadear
superviviente de un alma al fin y al cabo
la sangre
la quimera y flor de fango
el espanto horizontal
el celo en el parque
la resina de los ojos
las manos de arena
escalar del parque
sus cipreses agitados
desierto en la plegaria

descubriste las alas de mi espina dorsal
mas no pude escapar a tiempo
y me dejé morir
como mueren los que han amado mucho





amodio

me confundieron los corazones que huían
desde mi sexo histérico
rozando la carne verborreica de mis glúteos
que te exigían amparo y sudor

ahora en la distancia
me avergüenzo de esta intimidad voluble
que te odiaba con el alma
cuando no te amaba con el cuerpo






infatuation fuck

tengo una pelvis caníbal
que al acoger durante fértiles años
las consecuencias de mis impulsos
ha hecho de la carne
morada de poetas de postal
he dejado que me atrapen los huesos
y la huella del tiempo
alcanzando con ello
la inanición
así que escondo mis laureles
entre los dedos de los pies
mientras las manos
van llenándose de limosna carnal
que después convierto en polvo de ángel
para abastecer mi neurosis
y mis palacios
las piernas
son un acueducto blando cuando las abro
y así alimento al alma

por mucho que intente fingir
este cuerpo tiene un corazón en la vagina
infatuation fuck!
late
es una matriz







la urraca

anoche me convertí en urraca
fui juntando en el nido de mi alcoba
cada uno de los pelos recogidos
mientras dormías
y con ellos concebí una corona

con las ropas que fuiste olvidando
―con el propósito
a veces creo de dejarme algo que me sirviera
para rasgarme las vestiduras en un futuro―
para sobrevivir al frío
construí un pachwork
que me hiciera de muralla con la vida

coseché durante años
en un pequeño tarro todos tus olores
para poder ahogarme en ellos

junté las pocas notas de papel que me escribiste
pensando en que podrían esa noche
servirme de almohada
pero acabé por comérmelas
literalmente
me tragué tus mentiras







toca la puerta

yo me sentí una muñeca de plástico
ergonómica
realista
muy valiosa eso sí
pero con función limitada
tú decías amarme sobre todas las cosas
algo debió de ser equívoco entonces
quizá el cristal opaco de mis cuencas
quizá tus testículos arrastrados
por eso te hartaron de repente
las palmas de mi mano

apareces dando señales de vida
y de hambre
apareces y me dejas en la boca
el sabor caduco del morbo
apareces con tu silencio perecedero
hablándome de las estrellas
cuando en realidad hablas de orgasmos
tardé poco en descifrar tu lenguaje
pero silencié mis escrúpulos
pues ya era tarde
había comenzado el tercer grado entre nosotros

no hay mucho más que decir
cuando vuelvas toca la puerta y espera
una súbdita de cintura para abajo
se presentará ante tus ojos
se te hará conocida la estampa
en sus espaldas se abrirán dos alas gigantes de oro
y te ofrecerá la vida con su lengua
detendrá el tiempo con sus dedos
para yacer juntos en el descansillo
y deshilar ese instante mirando al techo
como quien mira su vida pasar




antropofagia

en esta cama hoy amordazada
me entregué a la antropofagia
dejé que el líquido moribundo del corazón
me inundase los labios
latía con más carencia cada vez
su sabor metal
su olor picado
su tacto funesto
también tragué sus declaraciones

no hubo más remedio
era eso
o morir luz detenida
era eso
o proseguir las huellas de este ser leve
era eso
o este andar nebuloso entre la muchedumbre
era eso
o continuar leyendo entre líneas la vida




la cacería

nunca más dijiste

no me detuve nunca a mirar la hora
por ese miedo al tiempo
por la inmutabilidad perpetua de los días
porque para mí siempre era ayer
y en ese ayer
todo deformable

comencé la cacería para saldar mi deuda
te llamé dispuesta a casi todo
y apareciste predispuesto para todo
recuerdo que entonces
mi orgullo sintió más placer que la piel

nunca más te dije






sólo mientras tanto

me gustaría recordar
cómo era tu gesto antes de la niebla
y habitar en tus labios
momentáneamente

me gustaría anidar en tu lengua
y lapidar la angustia que te prohíbe sonreír
y dormir en ella
para convertirme en la voz que te dé aliento

el tiempo responde
con demasiada lentitud

si pudiera cambiarte el nombre
si pudiera reposar en tu piel mansa
si pudieran dormir mis ojos
para sólo sentir el aleteo atolondrado de tu pecho

tu sonrisa debió de ser
una muerte precipitante

recuerdo cuando te hablaba de los robles
ahora te menciono con temor
la caída de la hoja

pero noviembre es ya diciembre
te digo





la esfinge blanca

temo a los diablos que amamanto
y muerden mi areola
y atraviesan estos ojos que ya
se han vuelto fragmento

temo aún
el sonido del teléfono hilado con su nombre
y lo que supone llenarse el bolsillo de arañas

nada parece adormecer la lucha
de ser yo de ti
y de ser tú de mí

eres una esfinge blanca
te decía
y en tu pecho crecen las coronas
eres la caída en picado del otoño
te decía nuevamente
y cuando yaces
alguna mantis religiosa
te susurra en las orejas

te convertiste en flor seca
intermitente
irremediable
inaccesible a mis entrañas
pero es tiempo de que las flores entreguen su cauce
y yo tiemblo esas noches
en que las sombras sepultan las estrellas

no encuentro mejor manera de morir
que acabar con nosotras mismas
y así
rendirme al averno desnudamente
para resucitar
y procurarte la vida lenta






la ninfa salmacis

él me ha dicho te amo
no como el tuyo aquella vez
mientras me agarrabas del pelo en tu coche
tan lasciva
y sacrificadamente
un te amo que clavaste en mi sexo impaciente
presagio de una nueva muerte

él me ha dicho te amo
no como el tuyo aquella vez
escena incandescente mientras 
me alborotabas el cuerpo en busca
de una excusa más cara
pues un te amo palpitante
no es un te amo en la quietud

sostenías mis ansias
y lo que se aproximaba tras mis gemidos
terminaba por ensuciar la velada
con los ojos húmedos que te miraban
anticipándose a tu voz

amabas el instante que conmovíamos
y yo lo sabía desde antes de conocerte
pero me vendía tan fácil
a esos ojos frescos de antes de desnudarme
ojos que poco después
no sucumbían a mis brazos
bajo el olor de los sexos enmarañados
y si lo hicieron alguna vez
fue para sustentar la agonía
que daba nombre a mi plegaria
ya harta de un nosotros todavía

siempre me dolieron tus te amos precopulares
pues un te amo mientras se hace
disipa el propio amor

él me ha dicho te amo
pero sigues apareciéndote
alimentando mis plurales




al fantasma de las noches de amor (tres son multitud)

"Los gatos salvajes se juntarán con hienas

y un sátiro llamará al otro 
también allí reposará Lilit y en él encontrará descanso".
Isaías 34:14

de nuevo entumecida
mientras el coral en la cama
está siendo desposado

soy yo la frígida
soy yo el anfibio

algo interrumpe el amor que le concedo
el silencio es una sentencia
cuando uno miente como adulto
creo que él percibe tu presencia
y me mira como un cordero a punto de ser degollado
lo único que logras con estas apariciones
es que le ame aún más

esta noche como ves
hay una silla al fondo de esta habitación trivial
para que desde ella contemples
lo que voy a ofrecerte
y a ofrecerle a él también
eres un fantasma de sonrisa simultánea
y tus extremidades son matojo para las mías

observa cómo le entrego el coral
cómo le doy de comer en la boca
cómo le dibujo las espaldas
y el anhelo
con estas manos que vuelven a ejercer
y que te apuntan con el dedo la salida
ya no eres el prisionero
desaté el cinturón orgásmico que te retenía

cada mañana amanezco con entrañas nuevas
y la pelvis es acicalada
el mundo permanece
ya se han juntado los gatos salvajes con hienas
ya he encontrado reposo

soy yo el cascabel
soy yo la hembra






Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...


Ángel González