La última de las flores




A mi madre,
por enseñarme a besar el pan.





RECUÉRDAME

Recuérdame,
aunque sea agazapada como el feto
que has ido esculpiendo en ti tan despacio
que no alcancé a verlo.
Tan lentamente
que no supe retener
los gusanos de tu boca.

Recuérdame tanto como yo extraño
tu mirada lenta.





HIBERNANDO EL OTOÑO

Jadea el humo del terror
escondida en una forja miserable
mientras un cuerpo acongojado
se va acurrucando
en tierra invisible.

Arrópate y duerme largo rato,
flor de otoño.




RADIOGRAFÍA

900 gramos
pesó al nacer.
Las manos se hundían en su cabeza
y sus huesos parecían filigranas.





TEJER LA MUERTE

Hay un sauce llorón
al que da lástima observar.
A veces pienso en cobijarme
bajo sus ramas lentas de manta
para deshilar muy lentamente
el tiempo
y esperar así a que mengüe la vida
mientras él me abraza.





TROVADOR

En mis ojos
un velo de hiedras.
Un helecho
que agota sus esporas
y se amarra a mi iris
hambriento de aliento.

La vida no es más
que un insulto a la mirada,
colibríes desolados
en la cima de quien más amo.

¿Y qué nos queda
sino fatalidad en la pupila
y esta vejez de las almas
en quienes nos hemos reencarnado?

Ahora pareces un medio trovador
empapado de versos sin rima
en la edad de las mariposas.





FLOR ACARTONADA

¿Quién ha sepultado tus anillos
bajo tierra estéril?
Te pareces a una flor seca cuando respiras
y tus pétalos
parecen cartón en tierra de nadie.
Eres tan frágil que tu piel
es fina cuchilla para quien te ama.

Dime,
¿quién ha roto tu nombre?





FECUNDÉ LA TIERRA

Ya no beso la tierra
por donde caminas.
Sólo me queda la flaqueza
de observarte desde aquí,
en mi quietud latente.





EL FELPUDO

Yo veneraba siempre tu imagen
tras la puerta.
Ahora aguardo con piedad al otro lado,
en el felpudo,
mientras me crecen amapolas en los ojos.





LUCIÉRNAGAS

Cuesta descifrar
el murmullo
que mana de tu voz
en la penumbra.

Has atrapado luciérnagas
y en tu casa de árbol
has prohibido la entrada
a diablos y corderos.

Se han podrido para ti,
mientras llorabas celeste,
todas las manzanas del Edén.





LA ÚLTIMA DE LAS FLORES

La flor
que ha marchitado el tiempo
y se ha detenido a medio camino
y ya
no es flor
si no te acercas.

Es una ruina romana en Pompeya
que el paso de las lunas
ha magnificado.
Es un cascabel intermitente
y se parece
a un colibrí extraviado en las Europas.

Los jirones de su piel
se camuflan como pétalos
y sus lágrimas congeladas
parecen destellos.

La oigo allí a lo lejos
como a un recién nacido,
gritando en verso
las ruinas de la vida.

Allí me encaminaré,
a regar
la última de las flores.





PÉTALO DE HIEL

Hay un salto al vacío
dentro de cada alma.
Ya ni siquiera duermen tus ojos
cuando tú duermes.

Hay un vértigo abismal
en tu instinto disecado.
Alguien vació el mar
de esos ojos tuyos.

Y lo que se divisa en la distancia
es un lagrimal intermitente
pidiendo auxilio.

Y lo que escucho si te miro
es el ruido de tu pétalo
a mis pies.





BRAZOS ARRASTRADOS

Abrazarte
era como abrazar
todas las almas del mundo.

Era sentir el batir
de las moscas contra el cristal.
Contemplar un navío
bajo las tormentas de alta mar.

Abrazarte
era un peñasco
o un ocaso.

Tu abrazo blando se deshacía
entre mis brazos arrastrados.





LAS ANTÍPODAS

Das a la tierra el sabor
de un ave turbulenta.
Más que cobijarte en las almohadas
lo haces en los ecos
que emergen de las antípodas.

Nunca sabré cómo imagina
un ciego el mar.





SON LUNARES EN LAS MANOS

Anoche
te entregabas al viento
mientras él clavaba en ti
todo el veneno del mundo.
Así te anunciabas a la vida,
abriendo, de par en par,
tus pupilas chiquititas
e infantiles.

Hoy miras
las virutas de la vejez de sus manos.





APRISONADA LA FLOR

Me hieres.
Con tu voz sangrante
te apoderas de mi voz
suplicante.

Me hieres a viva voz
con la hipotaxis
que has inventado
en tus presidios.

Me hiere
tu verbosidad carnívora
y mi sueño es delirio.

Me hiere, más que nunca,
la parte tuya que no te pertenece
y que ha ido tejiéndonos en el tiempo
este frío muro de narcisos.

Me hiere
tu imagen entre las sombras.





3 DE ABRIL

Mis súplicas
se vuelven sobras ante tus brazos.
Lo único que puedo añorar
es el abrazo de un abril
repetido.





LUCEROS

Hay delfines en tus ojos
que salpican aguas
hacia mi boca intermitente,
y yo, recelosa,
busco cobijo entre tus brazos,
aún sigo temiendo el paraíso
que se engendra en tus luceros.





MIS SOLLOZOS MIENTRAS TANTO

Intento deshojarte.
Mi empeño sacrificado
para devolverte una vida.
Eres una flor de loto
que no devora la luz.

Mis sollozos mientras tanto
al son de tu piel.
Mis sollozos mientras tanto
a flor de piel.





UN EDÉN

Si fuera por justicia,
te dejaría un Edén sin hombres,
vacío,
como dejaron tus inocencias.





AGUACERO

El diluvio universal que se aproxima
nos lavará la cara
y el espíritu.
Y más tarde,
cuando recordemos esta alegoría,
engendraremos topacios
desde nuestras quimeras.





INMEMORIAL

Mi corazón enfebrecido,
enredado en las penurias
de esta pueril alma mía.

¡Ay de las flores
y sus esencias estancadas!

¡Quién pudiera desatar las tempestades
de las criaturas enfrascadas
para apaciguar su espíritu!
¡Quién pudiera parecerse a Dios
para no dictar sentencia!

Malditos los días
en que la memoria
recuerda demasiado.





LA INSCRIPCIÓN

Hay un fusilamiento
en mi aura blanca,
y dentro de mí
alimento los maltragos
con la poca esperanza que me queda.

No confundo el dolor
con el dolor que me causa pensarla,
pero los ángeles se revelan
frente a mis ojos apagados.

Tú aguarda,
que en las sepulturas donde yaceremos
tallaremos nuestros nombres
unidos con el honor
del Buen Amor.





EL DOLOR UMBILICAL

Nadie se percata de tristezas ajenas.
Pareciera que cada uno viviese su propia vida
recogiendo su propia basura.
¡Tristes estampas todas ellas!

Desde que no me duele tan sólo lo mío,
soy incapaz de ver llorar.

Me he hecho inmune a mí misma.

Desde que me duele ella
no me duele nada más.





SUMANDO INVIERNOS DESAPRENDÍ A CONTAR

No sé cuándo fue,
pero perdí la habilidad
de contar hacia atrás.
Debió de ser
durante aquel invierno.

No recuerdo bien,
pero debí de perderla
cuando comprendí
que ninguna flor
sobrevive dos inviernos.





CAÍDA EN PICADO

Si pienso lentamente
en su imagen naufragada,
me viene al pecho un lacrimoso oleaje
y de súbito alcanzo
las escaleras hacia el cielo.

Entonces
deseo caer de golpe
para sentir el estómago
en mis sienes oníricas.

No eres más que un oleaje lacrimoso
escondido en la cueva de Caín
alcanzando con su vista a Enoc.





03:00 HORAS

Cuando el viento mece la sangre
somos capaces
de morder la propia estirpe.

Es aterradora la hora del sueño,
donde a través de los abismos
me vence tu imagen
descendiendo los avernos.





A MI ESPÍRITU SU NOMBRE

Si al menos cayesen sobre mí
blancas flores que acariciasen
mi desconsuelo...
Y devolver así a mi espíritu
la condición de ser,
de poder ser, al menos, para ti
un hada entre las sombras.





AMIGOS IMAGINARIOS

Hay un rencor tejido en mí
desde tiempos prematuros,
lo saben mejor que nadie
los amigos imaginarios
a los que debí haber cogido la mano de pequeña,
pero me deshice de ellos.

Hoy, si supiera,
os echaría de menos.





DESIGNIOS CANSADOS

Me aferré tozudamente
a que todo menguaría.
Mientras tanto, busqué entre mis vísceras
una caricia nueva
que recompusiese tu espíritu leve,
que salvara tu vida
de entre todas las vidas que no has tenido
y que estoy construyendo para ti
cada noche,
mientras, entre designios cansados,
deshojo mi propia vida
y la aparto
como quien aparta una mosca en verano.





EPITAFIO

Escribo para no morir,
para que no muramos.

Ojos tremendamente tristes,
ojos tremendamente hartos,
triste epitafio
para los ojos que más amo.

Por eso escribo,
para elegir otra muerte.

Ahí donde debieran estar los cuerpos descansados,
en su lugar
yacerá el aire y la nada
porque nosotras juntas
estaremos ya lejos,
dejando descansar nuestras almas
y nuestros ojos enredados
en otra parte,
lejos,
lejos de la tierra
y del hombre.

Escribo
para elegirme otra muerte.





LA HERIDA DE ÉBANO

Cántame baladas tristes
en noches de otoño intermitentes,
que mientras me abraces de verdad,
mientras me abraces así,
yo permaneceré en paz
y desde mi temprana boca
crecerán imperecederas yedras
hacia tu boca.







BESAR EL PAN

Cuando me rocíes el pelo
con frescos rocíos
volveré a besar el pan.





LA LENTITUD DEL MORIR

Espero tranquila la lentitud del morir
entre los paraísos que construí,
sabiendo que sigue existiendo ella
y que sobrevive a los males y a la podredumbre,
sabiendo que revive, una y otra vez,
a través de las primaveras,
sabiendo que resurgirá
a través de mis alientos,
sabiendo que sobrevolará
la humanidad,
y surcará los cielos
y la tierra de los hombres.

Espero tranquila la lentitud del morir
entre quimeras y topacios,
sabiendo que ella, también,
me sobrevolará a mí.

Espero tranquila la lentitud del morir
ahogada en los fangos.